Síntomas que ayudan a orientar el diagnóstico
Además de la localización, existen síntomas asociados que ayudan a diferenciar unas patologías de otras.
Rigidez y pérdida de movilidad
La pérdida de movilidad del hombro sin traumatismo previo puede orientar hacia una capsulitis adhesiva u hombro congelado.
En estos casos, suele estar limitada tanto la movilidad activa como la pasiva. El paciente puede tener dificultad para elevar el brazo, girarlo hacia fuera, lavarse la espalda o abrocharse el sujetador.
Pérdida de fuerza
La pérdida de fuerza real, no explicada solo por dolor, puede aparecer en roturas avanzadas del manguito rotador o en lesiones neurológicas.
En la exploración es importante diferenciar si el paciente no puede hacer fuerza porque le duele o porque realmente existe una debilidad muscular.
Sensación de inestabilidad, enganche o bloqueo
La sensación de que el hombro “se sale”, se desencaja o se bloquea puede indicar inestabilidad. Es más frecuente en pacientes jóvenes y en personas con antecedentes de luxación o subluxaciones.
También puede aparecer como sensación de enganche durante movimientos de elevación o rotación del brazo.
Crujidos dolorosos
Los crujidos dolorosos, especialmente en pacientes de mayor edad, pueden orientar hacia artrosis glenohumeral u otras alteraciones articulares.
No todos los crujidos son patológicos, pero si se acompañan de dolor, rigidez o pérdida funcional, conviene valorarlos.
Antecedentes médicos importantes en el dolor de hombro
Los antecedentes del paciente pueden orientar el diagnóstico. Algunas patologías del hombro son más frecuentes en personas con determinadas enfermedades o situaciones clínicas.
Es importante preguntar por:
- traumatismos o caídas previas;
- cirugías anteriores en el hombro;
- enfermedades reumáticas;
- diabetes;
- trastornos de tiroides;
- antecedentes de luxación;
- actividad deportiva o laboral repetitiva;
- dolor cervical;
- pérdida de fuerza o sensibilidad en brazo y mano.
La capsulitis adhesiva, por ejemplo, es más frecuente en pacientes con diabetes o alteraciones tiroideas.
Exploración física del hombro
La exploración física del hombro debe ser dirigida según los síntomas del paciente. No es necesario realizar todos los test clínicos en todos los casos, pero sí conviene valorar siempre la localización del dolor, la movilidad, la fuerza y la estabilidad.
También es importante comparar ambos hombros y explorar al paciente con la zona descubierta, ya que muchos hallazgos no pueden valorarse correctamente con ropa.
Inspección del hombro
La exploración comienza observando el hombro por delante y por detrás. Esta inspección permite detectar deformidades, asimetrías, hematomas, atrofias musculares o prominencias óseas.
Una prominencia en la articulación acromioclavicular puede orientar hacia artrosis acromioclavicular. Una deformidad del bíceps, conocida como signo de Popeye, puede sugerir una rotura de la porción larga del bíceps.
Los hematomas tras una caída o traumatismo deben alertar de la posibilidad de una lesión relevante. Las atrofias en la fosa del supraespinoso, infraespinoso o deltoides pueden aparecer en roturas grandes del manguito rotador o lesiones nerviosas.
Movilidad activa y pasiva del hombro
La movilidad activa es la que el paciente realiza por sí mismo, por ejemplo al elevar el brazo o llevar la mano a la espalda.
La movilidad pasiva es la que explora el especialista moviendo el brazo del paciente, normalmente con el paciente tumbado.
Cuando están limitadas tanto la movilidad activa como la pasiva, puede tratarse de un hombro rígido, como ocurre en artrosis, capsulitis adhesiva o secuelas de fractura.
Cuando la movilidad pasiva es completa, pero la activa está reducida, puede deberse a falta de fuerza, rotura del manguito rotador o lesión neurológica.
Valoración de la fuerza
La fuerza debe explorarse en todos los pacientes, al menos de forma general, para valorar los principales músculos del manguito rotador, la musculatura escapular y, si hay sospecha de afectación cervical, también el brazo y la mano.
El dolor puede dificultar la valoración de la fuerza. Por eso, en algunos casos se puede reevaluar tras disminuir el dolor, por ejemplo mediante infiltración anestésica en el espacio subacromial.
Exploración de la estabilidad
La estabilidad se explora especialmente en pacientes con sensación de luxación, subluxación, enganche, bloqueo o dolor mecánico inexplicable.
Es más relevante en pacientes jóvenes, deportistas o personas con laxitud articular. En algunos casos, la inestabilidad no se manifiesta con una luxación clara, sino con dolor, inseguridad o sensación de que el hombro se desencaja.
Exploración cervical
Cuando el dolor se localiza en cuello, trapecio, escápula o baja hacia el brazo por debajo del codo, es importante explorar la columna cervical.
La movilidad cervical dolorosa o limitada, junto con maniobras de provocación como el test de Spurling, puede orientar hacia una causa cervical del dolor referido al hombro.
Pruebas de imagen en el dolor de hombro
Las pruebas de imagen pueden ser necesarias, pero deben indicarse según la sospecha clínica. No siempre son el primer paso ni sustituyen a una buena exploración.
Según el caso, pueden utilizarse:
- radiografía simple;
- ecografía musculotendinosa;
- resonancia magnética;
- artro-resonancia;
- TAC en casos seleccionados.
La elección depende de si se sospecha una lesión ósea, rotura tendinosa, patología articular, inestabilidad, artrosis, calcificaciones o dolor referido.
¿Cuándo acudir al especialista por dolor de hombro?
Es recomendable acudir a un especialista si el dolor de hombro persiste, limita la movilidad, impide dormir, aparece después de una caída o se acompaña de pérdida de fuerza.
También conviene consultar si el dolor baja hacia el brazo, se acompaña de hormigueos o alteraciones de sensibilidad, si existe sensación de inestabilidad o si aparece un bulto doloroso en la parte superior del hombro.
Una valoración especializada permite diferenciar si el dolor procede del hombro o de otra zona, orientar el diagnóstico y evitar tratamientos poco eficaces.