Neuroma de Morton
El Neuroma de Morton o Metatarsalgia de Morton es una de las principales causas de dolor en la parte anterior del pie, y un motivo de consulta muy frecuente en los servicios especializados en patología del pie.
El Neuroma de Morton o Metatarsalgia de Morton es una de las principales causas de dolor en la parte anterior del pie, y un motivo de consulta muy frecuente en los servicios especializados en patología del pie.
El origen del Neuroma de Morton no está claro, pero se produce una fibrosis e inflamación de uno de los nervios digitales plantares (los nervios que discurren entre los dedos de los pies), sobre todo del espacio entre el tercer y cuarto dedo.
El Neuroma de Morton es más común en las mujeres que en los hombres, y es una causa habitual de dolor en la parte anterior del pie. Aunque su origen no es claro, se han propuesto varias teorías, desde un daño crónico del nervio por tracciones repetidas, un déficit vascular en la vaina de los nervios, un efecto compresivo por las estructuras adyacentes o la inflamación de las mismas.
Aunque el origen no esté claramente establecido, se ha demostrado una asociación entre la disminución del rango de dorsiflexión del pie y el riesgo de desarrollar un neuroma de Morton; entre el uso de calzado estrecho y tacones altos con el desarrollo de esta patología; y entre la presencia de deformidades, como los juantes o los dedos en martillo o en garra, y el desarrollo de neuromas.

Este engrosamiento del nervio interdigital produce un dolor lacerante de unas características distintas a la de una metatarsalgia.
El dolor es su síntoma más habitual, y característicamente empeora al caminar, al estar de pie y al usar zapatos estrechos. Es característico del Neuroma de Morton que el dolor aparezca de forma súbita y repentina, y que se describa como “eléctrico”. El paciente suele tener que descalzarse y masajearse la planta del pie, lo que suele producir alivio.
Además del dolor, que puede persistir en reposo, el paciente puede notar calambres, acolchamiento o hormigueos en la zona del neuroma.
El síntoma principal del neuroma de Morton es el dolor en la parte anterior de la planta del pie. Este dolor suele tener unas características diferentes a las de una metatarsalgia convencional, ya que muchas veces se describe como un dolor eléctrico, punzante o lacerante.
Los síntomas más frecuentes son:
Una de las características más habituales del neuroma de Morton es que el dolor puede aparecer de forma súbita. El paciente puede describirlo como un pinchazo, una descarga eléctrica o una sensación de dolor intenso entre los dedos.
Este dolor suele localizarse en la parte anterior de la planta del pie y puede irradiarse hacia los dedos cercanos al nervio afectado.
Además del dolor, el neuroma de Morton puede producir síntomas sensitivos. Algunos pacientes notan hormigueo, calambres, sensación de acolchamiento o pérdida parcial de sensibilidad en los dedos.
Estos síntomas aparecen porque el nervio interdigital está irritado o comprimido.
El dolor suele empeorar cuando aumenta la presión sobre el antepié. Por eso, puede hacerse más intenso al caminar, permanecer mucho tiempo de pie, correr o utilizar calzado estrecho.
Es habitual que el paciente tenga que quitarse el zapato y masajear la planta del pie para aliviar la molestia.
El neuroma de Morton y la metatarsalgia pueden confundirse porque ambos producen dolor en la parte anterior del pie. Sin embargo, no son exactamente lo mismo.
La metatarsalgia es un término general que se utiliza para describir dolor en la zona de los metatarsianos. Puede deberse a sobrecarga, alteraciones del apoyo, inflamación, artrosis u otras causas.
El neuroma de Morton, en cambio, es una causa concreta de dolor en el antepié. En este caso, el problema se produce por la irritación o engrosamiento de un nervio interdigital. Por eso, además del dolor, suelen aparecer síntomas nerviosos como hormigueo, calambres, adormecimiento o sensación de descarga eléctrica.
El diagnóstico del neuroma de Morton comienza con la valoración de los síntomas del paciente y una exploración física del pie. El especialista analiza dónde aparece el dolor, cuándo empeora, qué tipo de calzado utiliza el paciente y si existen hormigueos, calambres o pérdida de sensibilidad.
Durante la exploración, el dolor puede reproducirse al palpar el espacio entre los dedos o al comprimir la parte delantera del pie. En algunos casos, el paciente puede presentar más de un neuroma.
Las localizaciones más habituales son el tercer espacio interdigital, entre el tercer y cuarto dedo, y el segundo espacio interdigital, entre el segundo y el tercero.
En la exploración física, el especialista puede comprimir el antepié y palpar los espacios interdigitales para comprobar si se reproduce el dolor.
También se puede valorar si aparece dolor irradiado hacia los dedos, sensación de chasquido o síntomas compatibles con irritación del nervio. Estas maniobras ayudan a orientar el diagnóstico, aunque en algunos casos puede ser necesario complementarlas con pruebas de imagen.
La radiografía no permite ver directamente el neuroma de Morton, pero puede ser útil para estudiar la estructura del pie.
Permite valorar la longitud de los metatarsianos, posibles deformidades óseas o articulares, alteraciones del antepié y problemas asociados en el dedo gordo del pie.
También ayuda a descartar otras causas de dolor en la zona.
La ecografía y la resonancia magnética pueden ayudar a confirmar la presencia del neuroma y valorar su tamaño.
Estas pruebas son especialmente útiles cuando los síntomas sugieren un neuroma de Morton, pero se necesita diferenciarlo de otras patologías. Sin embargo, en neuromas pequeños, la imagen puede no ser concluyente y el diagnóstico debe interpretarse junto con la exploración clínica.
El dolor en la parte anterior del pie no siempre se debe a un neuroma de Morton. Puede confundirse con otras patologías como bursitis metatarsiana, artrosis del antepié, alteraciones de los metatarsianos, inflamación articular o problemas de apoyo.
Por eso, un diagnóstico adecuado es importante para indicar el tratamiento más apropiado.
El diagnóstico es sencillo ante la sintomatología del paciente, que despierta la sospecha de un Neuroma de Morton. El dolor puede ser reproducido al palpar el nervio entre los dedos o al comprimir la parte delantera del pie.
Es relativamente frecuente que el paciente tenga más de un neuroma. Las localizaciones habituales son entre el tercer y el cuarto dedo (tercer espacio interdigital); y entre el segundo y el tercero (segundo espacio interdigital).
Conviene realizar radiografías simples de los pies en carga y oblicuas del antepie, para valorar cuidadosamente la longitud de los metatarsianos, sus posibles deformidades óseas o articulares, así como problemas en el dedo gordo del pie. Además cuando hay sospecha de que el dolor es debido al neuroma, conviene confirmarlo con imágenes de ecografía o resonancia magnética. A veces el neuroma es de pequeño tamaño y es realmente difícil diferenciarlo con dichas pruebas.
Las pruebas de imagen nos ayudan a distinguir el Neuroma de Morton de otras posibles causas de dolor en la zona, como la bursitis metatarsiana o la artrosis del antepie.
El tratamiento varía dependiendo de la severidad del dolor y el tamaño del neuroma.
En casos de dolor leve se puede comenzar con reposo y elevación del pie, tratamiento de fisioterapia, y cambios en el calzado y la actividad. La toma de antiinflamatorios o analgésicos orales puede ayudar a controlar los síntomas.
También el uso de prótesis o almohadillas protectoras que disminuyan la carga sobre la zona afectada puede mejorar los síntomas.
Si el dolor es más importante o persistente, se puede realizar alguna infiltración con corticoides y anestésicos, sobre todo si el paciente lo demanda y tiene miedo a una intervención de otro tipo. Los beneficios con las infiltraciones suelen ser temporales.

El tratamiento clásico del neuroma de Morton es la cirugía abierta. Recientemente se ha empezado a aplicar un tratamiento por radiofrecuencia del neuroma de Morton que permite, con anestesia local y solamente un pinchazo, disminuir el neuroma de forma significativo, haciendo desaparecer los síntomas del paciente. Este sencillo proceso tiene el inconveniente de que tienen una mayor tasa de recidiva, por lo que en ocasiones se debe repetir. Sin embargo, a su favor juegas que no deja cicatriz y no tiene efectos adversos.
El tratamiento definitivo, en caso de neuromas grandes o de fallo de las opciones previamente descritas, es la extirpación quirúrgica. Esta cirugía es relativamente sencilla. Hay varias vías de abordaje. Una de las más prácticas es por el dorso del pie, a través de una incisión de unos dos centímetros que tiene poca repercusión estética y no suele producir dolor.
Se trata de una cirugía menor que no requiere hospitalización. La mejoría es inmediata tras la cirugía, aunque el paciente debe permanecer en reposo relativo hasta la retirada de los puntos en dos semanas aproximadamente. No precisa rehabilitación posterior a la cirugía.
Una de las primeras medidas recomendadas es utilizar calzado amplio, cómodo y con suficiente espacio para los dedos. Conviene evitar zapatos estrechos o tacones altos, ya que aumentan la presión sobre el antepié.
También pueden utilizarse plantillas, almohadillas metatarsales o soportes específicos para descargar la zona afectada y mejorar el reparto de presiones en el pie.
La fisioterapia puede ayudar a mejorar la movilidad del pie, reducir la sobrecarga del antepié y trabajar la musculatura intrínseca del pie.
Algunos ejercicios útiles pueden ser:
Estos ejercicios deben adaptarse a cada paciente y no deben provocar dolor intenso.
En algunos casos, los analgésicos o antiinflamatorios pueden ayudar a controlar los síntomas de forma temporal. Su uso debe valorarse según la intensidad del dolor, las características del paciente y la recomendación médica.
La medicación puede aliviar, pero no siempre corrige la causa mecánica que está provocando la irritación del nervio.
Cuando el dolor es más intenso o persistente, pueden realizarse infiltraciones con corticoide y anestésico. Estas infiltraciones pueden ayudar a disminuir la inflamación y aliviar el dolor.
Sin embargo, sus beneficios suelen ser temporales. Si los síntomas reaparecen o el neuroma es grande, puede ser necesario valorar otras opciones de tratamiento.
La cirugía del neuroma de Morton se plantea cuando el tratamiento conservador no consigue aliviar los síntomas o cuando el dolor limita de forma importante la vida diaria del paciente.
Existen diferentes opciones, desde técnicas menos invasivas como la radiofrecuencia hasta la extirpación quirúrgica del neuroma.
La radiofrecuencia es una técnica que puede realizarse con anestesia local y mediante un procedimiento poco invasivo. Su objetivo es disminuir el neuroma y aliviar los síntomas sin necesidad de una incisión quirúrgica amplia.
Una de sus ventajas es que no deja cicatriz visible y suele tener una recuperación sencilla. Sin embargo, puede tener una mayor tasa de recidiva, por lo que en algunos casos puede ser necesario repetir el procedimiento.
Cuando el neuroma es grande o han fallado las opciones anteriores, puede realizarse la extirpación quirúrgica. Esta intervención consiste en retirar el neuroma para eliminar la causa del dolor.
Suele ser una cirugía relativamente sencilla y no requiere hospitalización. Una vía habitual es el abordaje por el dorso del pie, mediante una pequeña incisión que suele tener poca repercusión estética y no suele provocar dolor importante en la cicatriz.
La mejoría puede notarse pronto tras la cirugía, aunque es necesario mantener reposo relativo durante los primeros días. Habitualmente, el paciente debe esperar a la retirada de los puntos, que suele realizarse aproximadamente a las dos semanas.
En muchos casos no se precisa rehabilitación posterior, aunque la recuperación debe adaptarse a la evolución de cada paciente y a las indicaciones del especialista.
Como en cualquier cirugía, pueden aparecer molestias postoperatorias, inflamación, alteraciones de sensibilidad o dolor residual en la zona intervenida.
También puede quedar cierta sensación de adormecimiento entre los dedos, ya que el procedimiento actúa sobre un nervio. Por eso, antes de operar, es importante valorar el caso de forma individual y explicar al paciente los beneficios, limitaciones y posibles riesgos de la intervención.
Las medidas de autocuidado pueden ayudar a reducir la presión sobre el antepié y aliviar los síntomas, especialmente en fases iniciales.
Se recomienda:
Estas recomendaciones pueden ayudar a controlar los síntomas, aunque no sustituyen una valoración médica cuando el dolor es intenso, repetido o limitante.
El neuroma de Morton puede mejorar en muchos casos con tratamiento conservador, especialmente si se detecta en fases iniciales y se reducen los factores que comprimen el nervio.
Los cambios de calzado, las plantillas, la fisioterapia y las infiltraciones pueden aliviar los síntomas. Sin embargo, si el neuroma está muy desarrollado o el dolor persiste, puede no desaparecer por completo con medidas conservadoras.
En esos casos, pueden valorarse tratamientos como la radiofrecuencia o la cirugía. La elección dependerá del tamaño del neuroma, la intensidad del dolor, la evolución del paciente y la respuesta a tratamientos previos.
Es recomendable acudir a un especialista en pie y tobillo si aparece dolor persistente en la parte anterior del pie, especialmente si se acompaña de hormigueo, calambres, adormecimiento o sensación de descarga eléctrica.
También conviene consultar si el dolor empeora al caminar, obliga a quitarse el zapato, limita la actividad diaria o no mejora con cambios de calzado y reposo relativo.
Un diagnóstico temprano puede ayudar a iniciar el tratamiento adecuado y evitar que los síntomas se cronifiquen.
El dolor suele localizarse en la parte anterior de la planta del pie, entre los metatarsianos. Lo más habitual es que aparezca entre el tercer y cuarto dedo, aunque también puede presentarse entre el segundo y el tercero.
Los síntomas más frecuentes son dolor en la planta del pie, sensación de descarga eléctrica, hormigueo, calambres, adormecimiento y sensación de tener una piedra dentro del zapato.
Puede estar relacionado con la compresión repetida del nervio interdigital. El uso de calzado estrecho, tacones altos, deformidades del pie o sobrecarga del antepié pueden favorecer su aparición.
En algunos casos leves, los síntomas pueden mejorar con cambios de calzado, plantillas, fisioterapia y reducción de la sobrecarga. Sin embargo, si el dolor persiste, puede ser necesario valorar infiltraciones, radiofrecuencia o cirugía.
El tratamiento puede incluir calzado amplio, plantillas, fisioterapia, ejercicios, medicación para el dolor, infiltraciones, radiofrecuencia o cirugía en los casos más persistentes.
Pueden ayudar los ejercicios de movilidad del pie, fortalecimiento de los dedos, masaje de la fascia plantar con una pelota o lata fría y estiramientos de gemelos. Deben realizarse sin provocar dolor intenso.
La cirugía se valora cuando el dolor persiste a pesar del tratamiento conservador, cuando el neuroma es grande o cuando los síntomas limitan de forma importante la actividad diaria.
La cirugía suele ser ambulatoria y no requiere hospitalización. Normalmente se recomienda reposo relativo hasta la retirada de los puntos, aproximadamente a las dos semanas, aunque la recuperación puede variar según cada paciente.